lunes, 26 de marzo de 2012
Entro en la estancia, y mi cuerpo te localiza sin tener que buscarte. Una fuerza invisible me guía hasta ti, aunque yo no quiera ir hasta ti. Me coloco delante de ti. Ya está. No hay vuelta atrás. Si voy es porque necesito ir. Te miro a los ojos. Me hundo en tus ojos. Tus ojos se clavan en los míos. Me saludas. Hablamos. Sonreímos. Sonrojamos. Yo escucho lo que cuentas como si el sonido viniera de muy lejos. Realmente no me importa de qué hablamos. Mientras hablemos. Miento, sí me importa, las conversaciones son siempre interesantes, siempre interrumpidas, siempre frustradas. Pero me abstraigo de lo que cuentas, porque yo solo te observo. Observo tus ojos. Cómo y dónde miras. Cómo miras. Cómo se mueven tus labios. Cómo mueves las manos cuando gesticulas. Separas ligeramente los dedos al gesticular. Y empieza la sensación. La sensación física de necesitar estar cerca de ti. Me quema la distancia que nos separa. Pero no puedo hacer nada. Tú te acercas también. Te levantas, te acercas, me tocas un brazo. Tu mano está fría y suave, pero me quema la piel. Es breve, pero sigo sintiendo la huella de tu mano largo rato. Pienso en controlarme. Que no se me note la cara de lerda. Pero estoy tan a gusto mirándote, que realmente me da igual. Intento disfrutar al máximo el momento. Pasan los minutos, y no existe otra cosa para mi que mirarte. Mirar lo elegante que eres por dentro y por fuera. Mirar tu cuello, tu clavícula, tus hombros, tu estrecha espalda. Tomo consciencia de lo que hablamos. Sin evitarlo mando mensajes ocultos, no tan ocultos, pero tan ambiguos, que son inocuos, solo yo sé cuánto significan cuando te las digo. A veces pienso que sabes lo que me pasa, otras que no. Unas veces pienso que me miras como te miro yo a ti. Otras, que me miras, pero no igual que yo a ti.
Y llega el momento cruel en el que hay que separarse. Volver al mundo. Mis momentos cerca de ti son como pequeños viajes de placer de los que vuelves renovado. Parece que haya estado siglos buceando en tu mirada, y a la vez ha sido tan corto....
Y no te lo puedo decir, porque ya nunca podré mirarte relajadamente, deleitándome, sintiéndolo, doliéndome...
Ya nunca más, de hecho....
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)